jueves, 4 de febrero de 2010

Reflexiones de Elisa y su hermana sobre "El palacio de los sueños" de I. Kadaré

“El Palacio de los Sueños”
Ismael Kadaré.
Alianza Editorial
Col. Biblioteca Kadaré
1990


El Palacio es un corredor principal con centenares de puertas a izquierda y derecha, interrumpido de vez en cuando por amplios vestíbulos, desde donde salen nuevos corredores laterales con idénticas características en muchas direcciones, que en ocasiones conducen a apretadas escaleras.
Ninguna señal, ninguna placa identificativa, nada que ayude a la ubicación de quien acude al lugar.
Cubiertos por claraboyas los vestíbulos, a los que llega la luz del exterior; pobremente iluminados algunos tramos de los pasillos por farolillos que dirigen a estancias cuyo uso sólo conocen quienes trabajan en ellas, el edificio es un enorme lugar de soledad y vacío.
Aún en los espacios en que los trabajadores-centenares- del Palacio coinciden, se sigue palpando la soledad, una soledad que se reinventa constantemente ante la imposibilidad de expresarse en publico, de abandonarse al pensamiento propio, de confiar en alguien…

Potente metáfora de cómo aquel Poder que se desempeña desde la posición de amo, dueño, empequeñece al individuo, a la sociedad sobre la que domina, El Palacio encierra el mundo.

Kadaré hace recorrer físicamente al protagonista ese laberinto, al tiempo que muestra la dificultad para encontrar la salida.
Los sueños de todos los habitantes del país se archivan, conservan, seleccionan, interpretan, al cabo, en El Palacio; y de allí saldrán después perversos dictámenes, cruentos golpes de estado, castigos impensables.

El Poder es El Palacio y viceversa y quien se rebele pagará muy caro ese atrevimiento.

Como siempre, Kadaré hace al lenguaje parte de la narración, no sólo medio. Construye el edificio sobre las palabras que no pueden pronunciarse, sobre el silencio de los personajes.
La lucha secular en los Balcanes entre tradición y modernidad constituye un hermoso trasunto literario entre la familia de los Qyprilli y los sucesivos Soberanos del país. De vez en cuando, un respiro en esa contienda, permite un pequeño avance social; enseguida, un nuevo sueño maestro interpreta la libertad como el mayor de los peligros. Así hasta el infinito, el destino de los albaneses aparece cargado de dolores y ansiedades.

Estas reflexiones me las manda una de mis hermanas. Creo que pueden servir como reseña del libro.

Un abrazo Elisa